sábado, 5 de agosto de 2017

Martín Pescador (Alcedo atthis), agosto 2017








Presente en casi todos los ríos y humedales de la Península hasta hace relativamente poco tiempo, el martín pescador es una de las especies más damnificadas por el deterioro experimentado por las aguas dulces de nuestro país durante las últimas décadas. De espectacular plumaje y vuelo rapidísimo, este coraciforme necesita taludes arenosos para excavar su nido, así como una abundante población de pequeños peces, larvas de insectos acuáticos y anfibios para alimentarse.
El martín pescador es un ave de pequeño tamaño y aspecto compacto, que se caracteriza por poseer uno de los más vistosos plumajes de nuestra fauna. Dominan en su librea los colores azules y verdosos (brillantes y metálicos) en las regiones dorsales y los anaranjados en las ventrales. En la cabeza del ave —que parece desproporcionadamente grande para su tamaño— llama la atención un larguísimo y cónico pico de color negro. La garganta es blanca, al igual que una llamativa mancha en los laterales del cuello, que se prolonga hacia el ojo en una banda anaranjada (dibujo 1). Las patas de este coraciforme son muy cortas —al igual que la cola— y lucen un intenso color rojizo. El dimorfismo sexual no es muy evidente y se limita a la tonalidad de la parte inferior del pico, negra en el macho y anaranjada en la hembra. Los jóvenes son semejantes a los adultos, aunque con una coloración verde turquesa en lugar de azul; las patas son, asimismo, más oscuras. Cuando vuela también resulta inconfundible, pues se desplaza a gran velocidad y poca altura —normalmente emitiendo su característico reclamo— mediante un frenético batir de alas.
Emite, tanto en vuelo como posado, un tiit-tiit agudo, rápido y penetrante.
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